miércoles, 27 de febrero de 2013

Os pés dos nenos pobres

Vaia rapaza máis imbécil. Sempre dicides que é só unha rapaza... e que máis da? Segue a ser unha imbécil. Non a aturo. Aí sentada, sen dicir nada, mirando coma unha parva cara os seus pés. Eu non o entendo. Eu, que non paro nin dous minutos, e aínda menos cos meus compañeiros correndo ao meu redor. Sabes que lle escoitei dicir? Que non os quería manchar. Danme gañas de quitarllos e metelos na poza da corredoira, onde teño sempre que ir pola beira, contra os chantos, para non mollar os pés aínda que non chova.
E que...ti míraa! Tanto sorriso e tanta merda por uns zapatos novos. Non, cala, non é envexa. E que só son uns zapatos. E aínda por riba, novos. Os zapatos novos dan dor de pés. Eu quero os meus zapatos, oes? Os meus de sempre, os que atopei no fondo do armario cando comezaron as choivas do outono, ou cando remataron as do verán. Os que están tan vellos que xa se enchoupan máis ca antes cando chove, os calquera día van romper. Xa están afeitos aos meus pés, e o que lles queda.

martes, 23 de octubre de 2012

Siempre acecha
el monstruo de papel.
No asusta en realidad su presencia
diluída.
No es el poder de sus alas desplegadas.
No son sus letras escarchadas
ni las heridas que deja en las palmas de las manos
ni nada queda en su ser
que honre el nombre de viejo espectro
que vive aún.
Pero siempre acecha.
No es la aspereza de su cara ni es la niebla.
Son los pasos que se dan
siempre adelante.

lunes, 16 de julio de 2012

A unos pocos no les gustaba que otros pocos dominaran a todos, y luchaban con su pequeña influencia pero inquebrantable firmeza para cambiarlo.
Cuando se olía que esa gran mayoría estaría cada día más y más oprimida en lugar de ir obteniendo pequeñas conquistas, unos cuantos más se incorporaron a la lucha.
Cuando ya la insaciable minoría oprimió lo suficiente al pueblo como para que no le quedara más remedio que despertar, se alzaron, perezosos al principio, con ilusión después y con la desesperación de quién pierde su futuro y el de sus hijos al final.
Ante tal despertar de sus gobernados, esa minoría denominada capital entregó unos mendrugos a esa masa hambrienta.
Y gran parte de la masa se fue a casa con sus mendrugos.
Unos cuántos reclamaron algo más que pan durante un poco, pero pronto desistieron.
Y quedaron los pocos de siempre luchando contra los pocos de siempre, con menos esperanza, pero con la misma firmeza que sólo esos pocos locos pueden tener.

martes, 5 de junio de 2012

Volver


Ella se bifurca en las cortinas.
Se deja ver, y sólo a veces,
cuando no miro.
Enreda la distancia con eslingas
hasta agarrarse a la memoria.
A veces escamotea mis minutos,
o se descuida entre agujas.
O se rebela en el cristal,
quiere gritar con sus pulmones,
quiere mirar.
Podrá querer.
(Ella sí.)
Y podrán caer, uno tras otro,
días, con ejércitos de horas
que no dejen nada
a su paso.
Y ella seguirá,
esperando.
Y a veces se mostrará
y ya no la veré.
Ya no estaré mirando.

viernes, 6 de abril de 2012

Memoria


"Debemos recordar incesantemente para que el pasado no nos envenene".


Mi hermano responde que la que sea más barata. Tiene seis años y no prefiere las manzanas o las peras, prefiere merendar la que cueste menos dinero. También tiene suerte de la situación de privilegio de mi familia. La miseria está sembrada en esta tierra con raíces más profundas que el tiempo, y en esta época vuelve a aflorar.
Encuentro en el supermercado quienes hacen cálculos para la compra. Se debaten entre papel higiénico o leche. Gana la leche. No quiero imaginar su situación.
Se me parten las mínimas esperanzas que quedan pensando en que mi hermano vivirá un milagro si puede ir a la universidad, si es que quiere. Se me van por un momento, pero vuelven con más fuerza todas mis ganas de luchar.
Mi hermano no sabe nada de un suicidio. Mi hermano, que pregunta si cuando alguien se muere se puede llevar sus juguetes. Pero algún día tendrá que saber que ayer un hombre se mató porque a sus 77 años había vivido la desesperanza de que le robaran el futuro a una tierra que cada vez veremos más de cerca.
Mi hermano no sabe el verdadero alcance de lo que canta, pero recuerda en algunas canciones a los maestros a los que les quitaron la vida quienes preferían un pueblo sin esperanzas. Sus herederos van por el mismo camino. Mi hermano no lo sabe, pero queda poco para otro catorce de abril. Cada año queda más lejos. Cada año más cerca.
Mi hermano tiene la memoria de un niño de seis años, o un poco más. Pero tendrá en su cabeza la sangre de millones, la fuerza de pueblos, la esperanza de locos.
Lo que le espera no se llama milagro, se llama revolución, y no sé si es posible, pero sé que es necesaria, y que nos necesita de pie. 




 "Lo que entierran no son huesos, son las semillas que van creciendo."
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