jueves, 8 de diciembre de 2011

Planes

lo que no se atreven a decir las postales
las mentiras al teléfono
los regueros de recuerdos innombrables
los portales ciegos
las paredes inquietas de una noche
el invierno
las luces de nevera en los estantes
los viajes a tan cerca
la traición a las almohadas
el placer de alguna tarde

la próxima vez, no te los calles

lunes, 26 de septiembre de 2011

.

Sabía moverse
como sólo sabe hacer
la hierba con el viento.
Casi sin quererlo,
sin ningún esfuerzo,
sus pasos no tocaban
del todo el suelo.
Flotaba entre otros
que seguíamos atornillados
al mundo.
Al mirar, dibujaba
fotografías.
Siempre moviéndose,
como sin querer,
se fue como llegó
sin dejar que sus pasos se escucharan,
bailando con todos los ojos
que la miraban al pasar.

Fin de libro


En la última página de su libreta se dio cuenta de que siempre se había dejado lo más importante. Ella aún no tenía nombre. Él estaba camuflado en terceras personas. Había cubierto cada esquina con recuerdos y después los había tergiversado. En ningún momento contó la verdad de su historia. Se sentía de nuevo solo. Habría podido explicarse, habría podido ser diferente o hacerse más fuerte. Habría podido evitar destruírse. Se daba cuenta entonces, con una sonrisa en la boca que decía ''lo sabía'', pero en su libreta ya no queda sitio para escribir nada más.  

sábado, 24 de septiembre de 2011

Solo largo


Las calles de siempre. Siempre conocidas.
Sin ningún intento de revolución
en los árboles del parque.
Sin nada que ocultar
a ningunos ojos.
Desde tan cerca como puedo
me voy sin decir mucho.
Ninguna nube inoportuna.
Ni siquiera coches para acompañar.
La verdad es que no.
No quema por dentro.
Todas las miradas rojas
se esconden en el negro del final.
Sabía el café, con el sol en los ojos,
sólo a café.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Ya sé que las noches más frías
brillan más.
Que amanece más temprano.
Que las estrellas, a la tarde,
están todas más cerca.
¿Sabes que puedes ver,
desde aquí arriba,
donde se acaba el mundo
cada día?

miércoles, 3 de agosto de 2011

El tiempo
nunca entiende
de relojes.
Se sienta como un gato
en el alféizar mientras
miro al techo
y escucha cómo late su metal.
Le grita que se detenga
y le haga caso.
Pero sólo yo puedo oírlo
y nos burlamos
de ratones
que se escurren
del reloj.

viernes, 8 de julio de 2011

¿Qué ojos? Si miras con las manos
y hablas con la piel.
A veces más oscura que la retina que te mira
y otras, tan clara.
Si en el papel que escribes no hay
ni frontera ni nada más
que tus palabras y tu tiempo.

jueves, 7 de julio de 2011

13'

Trece minutos.
Trece fueron suficientes para quitarse la venda de los ojos. Para despertar, para que se le pasara la embriaguez, para darse cuenta de todo lo que había negado hasta hacía un instante.
Esos trece minutos de silencio le dijeron más que toda su experiencia, que todos los consejos, que los sabios en sus libros o los genios en sus canciones.
Cuando su inesperada compañera de viaje rompió ese silencio, él tardó en reaccionar. Estaba aturdido. Confuso por no haberse dado cuenta antes o hundido por comprenderlo todo al fin. Lo sentía todo y era incapaz de sentir nada al mismo tiempo.
Si al menos hubiera pensado en quién escuchaba su historia...
Sus pasos se hacían más pesados. Sus cabeza picoteaba pensamientos sin llegar a quedarse con ninguno.
Ella le preguntó varias veces. Él acabó por contestar. Le contó, una vez más, lo que acababa de vivir.
Era un eterno escritor sin nada que contar.
El libro lleno de páginas pero vacío de historias.
Ella escuchó en silencio su relato. Cuando acabó, se rió. Lo miraba con unos ojos que no podían mentir, él no sabía por qué, pero no podían hacerlo. No sabía lo que estaba pensando, y eso lo descolocaba. Escapaba a su control. Ella se rió con toda la sinceridad que él podía entender, y él se sintió completamente ridículo. No sabía qué hacer con las manos. Decidió dejar la mochila y sentarse. Ella, en frente, lo miraba con los brazos en jarra, aún con una sonrisa en la boca.
Y después de todo, ¿te vas a quedar ahí?
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