viernes, 6 de abril de 2012

Memoria


"Debemos recordar incesantemente para que el pasado no nos envenene".


Mi hermano responde que la que sea más barata. Tiene seis años y no prefiere las manzanas o las peras, prefiere merendar la que cueste menos dinero. También tiene suerte de la situación de privilegio de mi familia. La miseria está sembrada en esta tierra con raíces más profundas que el tiempo, y en esta época vuelve a aflorar.
Encuentro en el supermercado quienes hacen cálculos para la compra. Se debaten entre papel higiénico o leche. Gana la leche. No quiero imaginar su situación.
Se me parten las mínimas esperanzas que quedan pensando en que mi hermano vivirá un milagro si puede ir a la universidad, si es que quiere. Se me van por un momento, pero vuelven con más fuerza todas mis ganas de luchar.
Mi hermano no sabe nada de un suicidio. Mi hermano, que pregunta si cuando alguien se muere se puede llevar sus juguetes. Pero algún día tendrá que saber que ayer un hombre se mató porque a sus 77 años había vivido la desesperanza de que le robaran el futuro a una tierra que cada vez veremos más de cerca.
Mi hermano no sabe el verdadero alcance de lo que canta, pero recuerda en algunas canciones a los maestros a los que les quitaron la vida quienes preferían un pueblo sin esperanzas. Sus herederos van por el mismo camino. Mi hermano no lo sabe, pero queda poco para otro catorce de abril. Cada año queda más lejos. Cada año más cerca.
Mi hermano tiene la memoria de un niño de seis años, o un poco más. Pero tendrá en su cabeza la sangre de millones, la fuerza de pueblos, la esperanza de locos.
Lo que le espera no se llama milagro, se llama revolución, y no sé si es posible, pero sé que es necesaria, y que nos necesita de pie. 




 "Lo que entierran no son huesos, son las semillas que van creciendo."
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